En ese entonces muy decaído me sentía,
necesitaba distraerme y el tiempo perder.
No me imaginaba lo que pasaría;
vaya lo que una noche puede llegar a ser.
Fue algo a primera vista,
tú estabas en una esquina,
solitaria, pasando el rato,
yo por mi parte en el relajo.
En la fiesta nos acercamos
con cierta timidez.
Eventualmente conversamos;
diría yo con gran lucidez.
Hubo química al instante,
todo iba perfecto,
era inevitable;
se convirtió en algo bello.
Salimos por un momento,
y entonces se dio el beso.
Recuerdo tus labios con los míos;
tus besos tan lentos y finos.
Esos segundos parecieron minutos.
Cuando terminamos,
nos abrazamos
y nos susurramos cosas al oído.
Dijimos cosas que no nos volveríamos a decir,
que solo como una anécdota recordaríamos.
Tanto que uno en una noche puede llegar a sentir;
tal vez era algo que los dos necesitábamos.
Luego nos dimos cuenta de lo terrible,
cómo es que aquello era algo muy del azar.
No nos íbamos a volver a juntar;
lo de esa noche era algo irrepetible.
Tuvimos que decirnos adiós.
Nos miramos a los ojos,
por última vez nos besamos
y en el olvido nos dejamos.
Ha pasado ya el tiempo.
Fue una casualidad encontrarme contigo,
y aún recuerdo aquel momento.
Te agradezco por haber estado conmigo.
Aquella noche me levantó el ánimo,
me ayudó a seguir con lo mío,
fue lejos de ser un derroche;
fuiste un verdadero amor de una noche.
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